¿Cabañas es solo para los israelitas naturales?

Israelitas por Cristo

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VIII

Versículo clave

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa los herederos.”
Gálatas 3:29

Hay un argumento contra la celebración de la Fiesta de las Cabañas que usan los hermanos del séptimo día: que fue una fiesta solo para los naturales de Israel, porque está escrito «todo natural de Israel habitará en cabañas» (Levítico 23:42).

La objeción

El razonamiento es este: si usted es mexicano, salvadoreño o de cualquier otra nación y no corre sangre judía por sus venas, no tiene por qué celebrar esta fiesta, pues el versículo dice claramente que solo el natural de Israel habitará en cabañas.

Y añaden: el texto dice «habitará en cabañas», y ustedes no lo hacen; en lugar de irse a vivir en una tienda durante esos días, van a la iglesia, y la Biblia no manda ir a la iglesia, sino habitar en cabañas. Así que ni son naturales, ni construyen una choza. Por lo tanto, concluyen, es un grave error predicar que se celebre Cabañas, sobre todo si no se sabe celebrarla correctamente; es mejor desechar esa práctica judía, porque en la dispensación evangélica ya no habría razón para guardarla.

En parte hay que darles la razón a los hermanos del séptimo día. Pero veamos primero las razones que tenemos para celebrar esta fiesta.

Todo lo de Dios es de Israel

Reconozcamos, en primer lugar, que no solo esta fiesta es para el pueblo judío: todos los mandamientos, la ley, el culto, las promesas y la Biblia misma son del pueblo judío. Pablo lo dice así:

Que son israelitas, de los cuales es la adopción, y la gloria… y el culto, y las promesas.
Romanos 9:4

Por eso les damos en parte la razón: esta fiesta no se dio a los gentiles, sino a los israelitas. No se dio a los pueblos antiguos —asirios, persas, egipcios, fenicios—, y mucho menos a los pueblos actuales, como estadounidenses, británicos, franceses o alemanes. La Fiesta de las Cabañas es una ley judía que el pueblo judío practica hasta el día de hoy, porque todo es de los israelitas.

El versículo siguiente añade que de ellos son los padres —Abraham, Isaac y Jacob, o Israel— y que de ellos también viene Cristo (Romanos 9:5). El mismo Dios de la Biblia no está en toda nación, sino en Israel (2 Reyes 5:15). Así, aun los gentiles que desean la adopción que tiene Israel deben ser incorporados al pueblo de Israel, y por medio de aquel israelita que es Jesucristo se logra la adopción ante los ojos de Dios; porque fuera de la ciudadanía de Israel no hay esperanza, no hay adopción, no hay salvación, no se tiene a Dios (Efesios 2:12).

La lección de la mujer samaritana

Por eso Jesús le explicó a la mujer samaritana, que había perdido su auténtica creencia aunque descendía de Jacob, que ella adoraba lo que no sabía. Su fe le señalaba el monte Gerizim como lugar de adoración, mientras que los judíos sabían que el lugar era Jerusalem. Jesús, como judío, adoraba conforme a lo que había aprendido, y por eso le dijo: «nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salud viene de los judíos» (Juan 4:22).

Así que en parte tienen razón y en parte no. Ciertamente esta fiesta es para los israelitas; pero no solo la Fiesta de las Cabañas es una práctica judía: también lo son la ley del sábado y la ley del diezmo; la doctrina de Cristo es judía, y el mismo Dios es el Dios del pueblo judío. No debe asustarnos, entonces, que la fiesta sea una práctica judía; de lo contrario tendríamos que dejar también de guardar el sábado por su origen judío, o creer en un Cristo diferente por el simple hecho de ser judío. Que la fiesta sea de origen judío no es un argumento para dejar de celebrarla.

Con el tiempo, a esos hermanos les ha ocurrido algo parecido a lo de la mujer samaritana: han perdido la doctrina auténtica. Hoy aplauden en sus cultos, ya no guardan la ley de la purificación y han retirado las tablas de la ley de sus casas de oración; se han dejado llevar por la corriente que argumenta contra la ley y las fiestas, como lo hacen las iglesias protestantes. La samaritana, por su parte, conservaba su pasado histórico: su pueblo había guardado la Fiesta de las Cabañas y pertenecía al linaje de Jacob.

Así, guardan el día del Señor pero sostienen la creencia protestante, dentro de un cristianismo mezclado con lo pagano, como les ocurrió a los samaritanos desde la antigüedad, que tenían a Jehová pero también seguían a sus dioses (2 Reyes 17:28-41).

Judíos en el corazón

Sin duda, por nuestras venas no corre sangre judía. Pero delante de Dios no es judío el que lo es en lo exterior, sino el que lo es en el corazón (Romanos 2:28-29). Aunque no seamos judíos de raza, porque no tenemos la circuncisión hecha a mano, sí tenemos la circuncisión de Cristo, y por eso venimos a ser judíos espirituales (Colosenses 2:11).

De manera que, si el incircunciso guardare las justicias de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión por circuncisión?
Romanos 2:26

Desde luego que sí. Dios toma en cuenta al incircunciso que practica la justicia de la ley, y este viene a ser judío porque lleva la circuncisión en el corazón: el verdadero judío lo es en su interior, y no solo por su linaje.

Por otro lado, hay judíos naturales que, teniendo la ley, no la practican; de ellos explica el apóstol Pablo que vienen a ser incircuncisos: «mas si eres rebelde a la ley, tu circuncisión es hecha incircuncisión» (Romanos 2:25). Aunque se lleve sangre judía, delante de Dios están abiertas las obras de cada persona, y Él reconoce quién es un verdadero israelita y quién no, porque no todos los que son de Israel son israelitas (Romanos 9:6). Para ser un verdadero israelita hace falta obedecer la voluntad de Dios.

La adopción y el nuevo pacto

La adopción pertenece al pueblo judío, porque el Todopoderoso dijo:

…Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos: sino porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres…
Deuteronomio 7:6-8

Al elegirlo de entre todas las naciones, Dios adopta a Israel como sus hijos y Él se constituye como su Dios (Isaías 44:1; 43:15; Levítico 26:12-13). Después, ya presente Cristo, muchos judíos no creyeron en Él y lo desecharon. Pero estaba profetizado que Dios haría un nuevo pacto con la casa de Judá y con la casa de Israel (Jeremías 31:31-33).

Ese pacto se cumple en los judíos que sí aceptaron a Cristo, como los apóstoles y los doce mil de cada tribu de Israel (Apocalipsis 7:4-8): una multitud que creyó en Cristo y que es llamada el remanente escogido por gracia (Romanos 11:5). La adopción sigue estando dentro de Israel, y el nuevo pacto se hace con la casa de Judá y con la casa de Israel, no con los gentiles. Los gentiles tienen la oportunidad de participar de la raíz y de la grosura del buen olivo (Romanos 11:17), que es la Iglesia de Dios, formada al principio por los judíos que creyeron en Cristo.

Cristo celebró la fiesta

Fue Cristo quien ordenó que este evangelio se predicara a los gentiles, enseñándoles a guardar todas las cosas que Él había mandado (Mateo 28:19-20). La orden la recibieron primero sus discípulos, que eran judíos; después, los gentiles que creen en Cristo recibieron la misma doctrina que antes habían recibido los israelitas creyentes.

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir.
Mateo 5:17

La enseñanza protestante afirma que Cristo vino a quitar el mandamiento de «tres veces en el año me celebraréis fiesta» (Éxodo 23:14). Pero Cristo dijo que no vino a quitar, sino a cumplir, y por eso celebró Cabañas (Juan 7:1-14). Si no la hubiera cumplido, tendría que borrarse el capítulo 7 de Juan. Además, nos dejó su ejemplo:

Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
Juan 13:15

Por eso la Iglesia primitiva enseñaba que sí se debía celebrar Cabañas: el Señor mandó enseñar a los gentiles todas las cosas que Él había mandado, y con su ejemplo ordenó que hiciéramos como Él hizo. Si Cristo celebró Cabañas, su única y verdadera Iglesia debe hacer como hizo el Maestro.

Quienes no son la verdadera Iglesia no están obligados a celebrarla, porque no son israelitas y es una fiesta solo para el pueblo de Israel. Los que tienen ideas protestantes buscarán alterar la doctrina del Padre e inventarán pretextos para justificar que Cristo subió a Jerusalem en la fiesta con otra intención. Pero así como Dios sabe quién es un verdadero israelita y quién no, también sabe cuál es su Iglesia y quién la ha negado.

Herederos de la promesa

Los gentiles que reciben la doctrina de los apóstoles, y que por eso han aceptado a Cristo en su corazón, tienen un vínculo muy estrecho con el antepasado de los judíos:

Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa los herederos.
Gálatas 3:29

El verdadero cristiano no se ofende de ser llamado judío o israelita, puesto que nuestra salvación viene de un judío llamado Cristo Jesús. Al aceptarlo, nuestro linaje es con Abraham, padre de los israelitas y padre de muchedumbre. A Abraham le fueron hechas las promesas, y los legítimos herederos son sus descendientes; Pablo explica que la simiente de Abraham es Cristo, y que nosotros, al creer en Él, somos herederos legítimos de la promesa de la tierra prometida y de las bendiciones dadas al padre de la fe, siempre y cuando aceptemos nuestra relación hebrea (Gálatas 3:16, 28).

En suma, es verdadero judío el que guarda los mandamientos, sea gentil o sea hebreo. Lo importante es serlo en lo interior, y así se viene a ser simiente de Abraham por Cristo Jesús.

Nuestra cabaña es la casa de oración

¿Y la objeción de que no habitamos en cabañas? La congregación sí habita en cabañas durante los siete días, como lo ordenó el Señor, porque Él mandó ir al lugar que escogiera y llevar allí los presentes y las ofrendas (Deuteronomio 12:12-14).

La casa de oración hace las veces de cabaña, y es también el sitio escogido por nuestro Dios para hacer habitar allí su nombre. Por eso llevamos allí a nuestros hijos para ser presentados, celebramos los matrimonios y hacemos los cultos de cada sábado. Y por lo mismo es el lugar indicado para llevar las ramas y celebrar fiesta a Jehová, pues allí se invoca el santo nombre del Eterno (Deuteronomio 16:13-16).

Gracias a Jesucristo

Puesto que la adopción, la gloria y las promesas están con el pueblo judío, la salvación viene de ese pueblo para el gentil que acepta a Cristo. Los que son de Cristo deben andar como Él anduvo (1 Juan 2:6): cumpliendo la ley y celebrando las fiestas de Dios.

Quienes hemos recibido la circuncisión de Cristo estamos obligados a celebrar Cabañas, porque somos israelitas espirituales. Pero no podemos exigir a otros pueblos ni a otras denominaciones religiosas que la celebren, porque no es para ellos, sino solo para los israelitas. Por eso reconocemos que gracias a Jesucristo podemos participar de esta fiesta y de las promesas dadas a Israel.

“…y estarás ciertamente alegre.”

Deuteronomio 16:15

Fiesta de Cabañas

Que la fiesta le encuentre con gozo

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