El pueblo emprendía días de ayuno y aflicción cuando le sobrevenía una calamidad, casi siempre a causa de su desobediencia a las leyes de Dios (Ester 4:16; Jonás 3:4-5). Pero Jehová nunca estableció el sufrimiento como la norma de una vida religiosa.
Días de alegría decretados por Dios
Al leer las leyes dadas a Moisés encontramos justamente lo contrario: el Eterno concedió a su pueblo días de alegría y de gran regocijo.
Y te alegrarás en tus solemnidades, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el Levita, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que están en tus poblaciones.
El Señor convocaba a sus hijos al lugar que Él había escogido, para que alabaran su nombre y, a la vez, para llenar de alegría su corazón:
Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para hacer habitar en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de vuestros votos que hubiereis prometido a Jehová; y os alegraréis delante de Jehová vuestro Dios…
Una alegría de todo el pueblo
Nuestro padre Abraham, cuando fue destetado su hijo Isaac, hizo un gran banquete como muestra de su alegría (Génesis 21:8). Las ocasiones de gozo podían nacer de una circunstancia particular o de un mandato expreso de Dios; pero también hubo acontecimientos casi únicos, que alcanzaron a toda la nación.
Uno de ellos fue la dedicación del templo de Jerusalem. El mismo rey de Israel ofreció los animales para los holocaustos de Jehová y para que todo el pueblo comiera y se regocijara durante los siete días de la dedicación (2 Crónicas 7:5; 1 Reyes 8:62-63). Y aquel regocijo fue tan especial como único, porque duró catorce días:
En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel… delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y otros siete días, esto es, por catorce días.
Catorce días en el mes séptimo
¿En qué mes ocurrió todo esto? Según 1 Reyes 8:1-2, en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, llamado también Tishri. Al terminar aquellos catorce días, el pueblo volvió feliz a sus hogares, y la Biblia misma nos da la cuenta de los días:
Y a los veintitrés del mes séptimo envió al pueblo a sus estancias, alegres y gozosos de corazón…
Fue el día 23 porque el día anterior, el 22, había sido el octavo día de la Fiesta de las Cabañas, como explica el versículo 9 del mismo capítulo:
Al octavo día hicieron convocación, porque habían hecho la dedicación del altar en siete días, y habían celebrado la fiesta por siete días.
Recordemos que la Fiesta de las Cabañas dura siete días, y que el octavo es de santa convocación, un sábado ceremonial (Levítico 23:34-36). Si meditamos en el versículo anterior, entendemos que primero celebraron la dedicación durante siete días, después la Fiesta de las Cabañas otros siete, conforme al mandamiento, y al octavo día hicieron la santa convocación, como también lo ordenaba la ley.
La cuenta encaja con precisión: si el 22 fue el octavo día y el 21 terminaron los siete de fiesta, entonces la fiesta comenzó el día 15, tal como lo manda Levítico 23:34. Y si antes hubo otros siete días para la dedicación del altar, la dedicación del templo de Salomón comenzó el día 8 del mes de Tishri, en el año 1004 a. E. C. (1 Reyes 6:37-38).
- Del 8 al 21 de Tishri: los catorce días de fiesta (siete de dedicación y siete de Cabañas).
- El 22: el octavo día, de santa convocación.
- El 23: los israelitas regresan a sus casas, contentos por tener un templo permanente y por haber celebrado fiesta al Eterno.
Hubo algo más: el día 10 de Tishri, día en que los israelitas debían afligir sus almas (Levítico 23:27-32), quedó comprendido dentro de aquellos días. En esa ocasión excepcional fue motivo de alegría, por contar con un hermoso templo en Jerusalem.
Lo que este acontecimiento anuncia
¿Qué enseñanza aprendemos, o qué representa este acontecimiento? Al comprobar con las Escrituras que nada hay nuevo debajo del sol (Eclesiastés 1:9), solo nos queda agradecer a Dios su infinita sabiduría, pues nos da a conocer su obra magnífica para el tiempo en que su pueblo vuelva a tener gran alegría con su Hacedor.
En nuestros días, aunque el pueblo judío tiene dominio sobre la tierra santa, no puede edificar el templo. Los acuerdos internacionales lo obligan a respetar los credos y los lugares sagrados de las distintas religiones, y en el sitio se levanta la Mezquita de Omar; para edificar el templo a Jehová tendría que destruirla.
Pero la Escritura señala con claridad quién edificará aquel hermoso santuario:
…He aquí el varón cuyo nombre es Pimpollo… edificará templo a Jehová.
«Pimpollo» es un retoño, el renuevo de una planta. Jesucristo, en cuanto hombre, desciende del linaje de Isaí, padre de David; por eso se profetizó que «saldrá una vara del tronco de Isaí» (Isaías 11:1), y que juzgará con justicia, defenderá con equidad a los mansos de la tierra y con la vara de su boca dará su pago al impío (Isaías 11:4). Ese Pimpollo es, sin lugar a dudas, Cristo, quien a su segunda venida juzgará con justicia a la humanidad.
Cabañas en el reino del Mesías
Cuando establezca su reinado de paz, Cristo edificará templo a Jehová. Y para ese tiempo, a todas las gentes que no hayan sido transformadas y que queden de las naciones que vinieron contra Israel se les impondrá celebrar la Fiesta de las Cabañas; también los judíos que no estén transformados, y que se multiplicarán como lo dice Isaías 65:23, conmemorarán esta hermosa solemnidad.
Y todos los que quedaren de las gentes que vinieron contra Jerusalem, subirán de año en año a adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de las Cabañas.
En los días en que reine el Mesías tendremos Fiesta de Cabañas y habrá templo. Quedarán en el olvido estos días en que el pueblo judío suspira y ayuna porque no tiene templo, porque fue destruido y su tierra se llenó de ignominia y de dioses extraños (Isaías 2:8, 18, 20; Zacarías 6:13; 14:16; 7:3; 8:1-3, 8, 13-15, 19-22).
Grande será la alegría entonces, porque prevalecerá la justicia. Estarán los redimidos de Jehová, los transformados, el séquito real de Jesucristo, los doce apóstoles juzgando a las tribus de Israel, los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, y todos los hombres santos de ayer; y sobre todo estará el Hijo de Dios impartiendo la justicia divina a todos los pueblos. ¡Qué hermoso será subir año con año a celebrar Cabañas a Jehová de los ejércitos en su santuario!
Hermanos, no despreciemos esta gran invitación que Dios nos hace para estar en el reino de su amado Hijo (Salmos 43:3-4; 42:4). Desde ahora, la obediencia se toma en cuenta como parte de las buenas obras que nos permitirán participar de sus fiestas anuales y de sus solemnidades en el reino de Jesucristo.
“…y estarás ciertamente alegre.”
Deuteronomio 16:15

