El pueblo de Israel es una figura de la Iglesia del Nuevo Testamento (1 Corintios 10:1-12; Hebreos 3:1-19). Por eso, lo que le sucedió en el desierto no es solo historia: es una enseñanza escrita para nosotros.
Un pueblo peregrino
El apóstol Pedro dice de quienes han creído en el Hijo que en otro tiempo no eran pueblo, pero que ahora son pueblo de Dios; y añade que también son peregrinos (1 Pedro 2:10-11). Esa condición de peregrinos es la razón por la que entendemos los siete días de Cabañas como una figura del tiempo de peregrinación de la Iglesia de Dios: lo que vivió Israel sucedió como figura de los que creemos en Cristo (1 Corintios 10:6, 11).
Así como a los hijos de Israel se les prometió la tierra por heredad, también a la Iglesia del Nuevo Pacto se le dará la tierra prometida. Y los gentiles que han creído en Cristo se unirán con los israelitas creyentes, para que juntos hereden la misma promesa (Efesios 3:4-9; Romanos 11:13-14).
Diez veces tentaron a Dios
El capítulo 3 de Hebreos explica que muchos israelitas no entraron en el reposo de la tierra prometida a causa de su incredulidad. El libro de Números lo precisa: durante la peregrinación tentaron a Jehová diez veces (Números 14:22). Y Pablo nos recuerda que todo lo que antes fue escrito, fue escrito para nuestra enseñanza (Romanos 15:4).
La Iglesia de Dios (Israelita) cree y enseña que las diez ocasiones en que Israel tentó a Jehová fueron estas:
- En el mar Rojo, cuando murmuraron contra Jehová al ver venir los ejércitos de Faraón. Aun después de las señales que Dios había hecho en Egipto para mostrar su gran poder, dudaron de Él (Éxodo 14:10-15).
- En Mara, cuando murmuraron contra Moisés porque las aguas eran amargas y no podían beberlas; por eso el lugar recibió ese nombre (Éxodo 15:22-26).
- Por el pan y la carne, cuando murmuraron contra Jehová y contra Moisés porque no tenían qué comer (Éxodo 16:1-4).
- Por guardar maná, cuando desobedecieron a Moisés y dejaron maná para el día siguiente (Éxodo 16:17-20).
- Por recoger maná en sábado (Éxodo 16:21-30).
- En Refidim, cuando tentaron a Jehová porque no había agua (Éxodo 17:1-7).
- Con el becerro de oro, que hicieron y adoraron (Éxodo 32:1-10, 15-28).
- En Tabera, que significa «incendio», cuando por murmurar contra Jehová fueron consumidos por el fuego (Números 11:1-3).
- Por los deseos de Egipto, cuando la gente mezclada que iba con ellos añoró la comida de Egipto e hizo que también los hijos de Israel la desearan y murmuraran contra Jehová y contra Moisés (Números 11:4-13).
- Por el informe de los espías, cuando murmuraron contra Jehová y contra Moisés a causa de lo que contaron los exploradores que recorrieron Canaán (Números 13:26-34; 14:1-22).
Cuando el pueblo arrastró a Moisés
Hubo otras rebeliones durante el camino. Los propios familiares de Moisés se levantaron contra él diciendo: «¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová?» (Números 12:1-2).
Pero la más dolorosa fue la que llevó a Moisés mismo a pecar contra Jehová. En Cades, ante las murmuraciones del pueblo, su desesperación fue tal que desobedeció a Dios y golpeó la peña. Esa fue la causa de su gran castigo: tampoco él entraría en la tierra prometida, sino que solo la vería de lejos. De todos los que salieron de Egipto, únicamente Josué y Caleb entraron; los demás quedaron tendidos en el desierto (Números 20:1-13; 14:30-32; Deuteronomio 3:25-28).
La enseñanza para hoy
No murmuremos contra los siervos de Dios ni contra Jehová, para que Él no nos prive de entrar en la tierra prometida, en el reino de Cristo.
Y si por nuestra desobediencia somos corregidos en esta vida, como lo fue Moisés, es preferible aceptar el castigo del Señor, para que después nos permita estar con Cristo en el reino milenial. Moisés aceptó su castigo, y también él estará en el reino de Cristo.
“…y estarás ciertamente alegre.”
Deuteronomio 16:15

