Muchas de las celebraciones que conocemos fueron instituidas por los hombres. La Fiesta de las Cabañas es distinta: su autor es el Eterno Dios. Él la estableció, Él le puso fecha y, a través de sus distintos nombres, Él mismo nos explica su sentido.
Una fecha que Dios mismo fijó
No quedó a criterio de nadie cuándo celebrarla. Jehová señaló el día con toda precisión:
A los quince días de este mes séptimo será la fiesta de las cabañas a Jehová por siete días.
En el calendario hebreo, ese mes séptimo lleva el nombre de Tishri, y también se le conoce como Etanim (1 Reyes 8:2); corresponde a los meses de septiembre y octubre de nuestro calendario. A los siete días de fiesta se suma un octavo día de santa convocación (Levítico 23:36), de modo que la solemnidad abarca del día 15 al día 22 del mes.
¿Cabañas o Tabernáculos?
Al leer distintas traducciones de la Biblia encontramos los dos nombres. La Reina-Valera de 1909 dice «fiesta de las cabañas», mientras que otras versiones, como la Biblia Thompson, traducen el mismo versículo como «fiesta solemne de los Tabernáculos». No se trata de dos fiestas distintas: son dos maneras de nombrar la misma.
El propio Nuevo Testamento lo confirma. Cuando el evangelio de Juan narra que se acercaba esta celebración, la llama «la fiesta de los tabernáculos» (Juan 7:1-2). Cabañas y Tabernáculos son, por lo tanto, términos sinónimos.
Sucot: el nombre de la cabaña
En hebreo, la fiesta se llama Sucot, que es el plural de suká, «cabaña». El nombre no es casual: recuerda que Dios hizo habitar a los hijos de Israel en cabañas durante toda su travesía por el desierto.
Para que sepan vuestros descendientes que en cabañas hice yo habitar a los hijos de Israel, cuando los saqué de la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios.
Fiestas de los hombres, fiestas de Dios
Celebraciones como la Navidad, el día de todos los santos, el día del niño o el día del padre fueron establecidas por los hombres y no por Dios. Algunas surgieron en años recientes; otras se remontan al siglo cuarto o quinto de nuestra era. Las fiestas de Jehová, en cambio, proceden del año 1491 a. E. C., es decir, unos quince siglos antes de que comenzara la era común.
Dios mismo nos dejó, de antemano, la manera de distinguir unas de otras:
Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.
Cuando preguntamos por las enseñanzas antiguas descubrimos cuáles son las fiestas y las fechas en que debemos presentarnos delante del Eterno. Eso nos da la certeza de estar en el camino correcto: nos permite reconocer al pueblo que practica la voluntad de Dios tal como Él la estableció desde el principio, y encontrar la doctrina que el Altísimo entregó a Israel, antes de que otros falsearan los escritos o cambiaran la ley y las fechas.
Por eso Dios insiste, por medio de sus profetas, en que busquemos el buen camino, sin alteraciones, y que andemos por él. Así no habrá lugar para la duda ni la inquietud en la fe que profesamos; al contrario, hallaremos descanso para nuestra alma.
Jag HaAsif: la fiesta de la cosecha
Sucot tiene también un sentido agrícola. En el segundo libro de Moisés leemos:
…y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hubieres recogido tus labores del campo.
La expresión hebrea que aparece aquí es Jag HaAsif, que significa «fiesta de la cosecha» o «de la recolección». Los frutos con que se adorna la cabaña durante la fiesta muestran que la cosecha ya fue levantada; pero si existen, es porque Dios, con su poder, sostiene la tierra para que produzca.
La recolección es el momento culminante de todo el esfuerzo y el cuidado que se dedican a los cultivos. Y ese esfuerzo encuentra su recompensa cuando, por fin, se tiene en las manos el fruto de la tierra.
Una fiesta para todos, no solo para el campo
Dios conoce la alegría que siente el ser humano ante la cosecha, y le concede manifestarla en su presencia en esta fecha. Pero la fiesta no es exclusiva de quienes trabajan la tierra, ni hace falta volverse agricultor para celebrarla: en el fondo, es un reconocimiento profundo al Creador.
En su infinita misericordia, Él permite al género humano disfrutar la dulzura de la tierra por medio de sus frutos y obtener de ellos su alimento. Es un hecho innegable que tanto los animales como las personas reciben su sustento de lo que la tierra produce. Así, el sentido agrícola de la fiesta encierra el poder y la misericordia de Dios, que da de comer al hombre mientras transita, como peregrino, por esta vida.
Zemán Simjatenu: tiempo de nuestro regocijo
Jehová protegió a Israel en su camino hacia la tierra prometida, aunque vivían en tiendas; después, ya establecidos, el pueblo reconocía que era Él quien llenaba su mesa con la fragancia y la delicia de los frutos. A todo esto se suma la invitación de Jehová para que todo israelita se presente a celebrarle fiesta. Es gozo sobre gozo, y por eso en la tradición judía esta fiesta recibe el nombre de Zemán Simjatenu: «el tiempo de nuestro regocijo».
Como dice uno de nuestros cantos, muchos no comprenden por qué estamos tan gozosos aquí. Y es que no han conocido las leyes de Dios, ni su misericordia, ni saben de esta fiesta que hoy compartimos con alegría quienes estamos presentes en esta gran solemnidad.
Hermanos, gocémonos siempre en el Señor. Estas Escrituras nos invitan a hacerlo:
Ocho días, sin faltar
La solemnidad dura ocho días. No faltemos a ninguno de los servicios que se realizarán, desde el primero hasta el octavo día: ni nosotros, ni nuestros hijos.
“…y estarás ciertamente alegre.”
Deuteronomio 16:15

