Tema 11 de 13

El Reino de Gracia

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Publicado
20 de julio de 2025
Lectura
4 min
Secciones
2
Tema 11: El Reino de Gracia

Lectura inicial: Romanos 5:20-21.

Hablar de la gracia es como hablar de un río de bendiciones del cual fluyen todas las demás bondades de Dios para nuestras vidas. La gracia no es solo el medio, sino también la fuente de todo el bien. Gracia es recibir un favor no merecido, es obtener un bien el cual no ha sido ganado de ninguna manera. Considerando los atributos de Dios, encontramos la justicia, lo cual indica que debe darse a cada quien lo que merece.

Los seres humanos, llenos de pensamientos y acciones de maldad, merecemos por justicia la muerte; sin embargo, la misericordia de Dios se manifiesta y se expande en gracia. Se entiende por misericordia aquello que recibimos como un derecho, aquello que merecemos justamente. Por otro lado, la gracia la recibimos de Dios sin tener méritos para poseerla. Fue la gracia del Padre la que nos proporcionó a Cristo Jesús como nuestro salvador, fue su gracia y amor, la que lo llevó a pagar el precio de nuestra deuda con el Padre. Hay quienes piensan que la gracia está reflejada simplemente en el acto redentor de Cristo al morir en la cruz, y que el acceder a esa salvación depende de nosotros, pero no es así. La gracia de Dios a través de Cristo no requiere de ninguna obra buena que realice un ser humano. Es amplia, gratuita, libre y con poder para alcanzar a todo aquél que cree. Dice la Escritura que con cuerdas de amor hemos sido atraídos hacia esa salvación con su abundante gracia.

La gracia opera en la salvación del ser humano rescatándolo de sus malos pensamientos, de sus malas acciones y de su persistente rebeldía en contra de Dios. Y más aún, es el perdón de Dios y la reconciliación con Él, es recibir el indulto cuando estábamos condenados a muerte. Sabemos que no podemos hacer nada para merecer la salvación, porque es por gracia, así que nuestras obras, antes de conocer a Dios, no cuentan para tributar el precio de nuestra salvación, pero si cuenta el sacrificio de Jesucristo y su amor por todos los seres humanos para poder ser rescatados del mundo de maldad.

La fe con la que recibimos esa salvación es también proporcionada a cada hombre según la gracia de Dios. Su gracia deja sin fundamento todo argumento de orgullo en el hombre, no queda nada de lo que podamos jactarnos delante de su presencia, sino el vernos como inmerecedores de su gracia. Esto no debe producir un efecto de auto conmiseración sino más bien de humildad, el saber que separados de la gracia de Dios nada podríamos haber hecho para alcanzar su perdón. Una vez reconciliados y que la gracia ha actuado en nosotros, lo que corresponde es ser dignos del sacrificio de Cristo, esto significa estar dispuestos a honrar a Dios con buenas obras y con el cumplimiento de sus mandamientos a fin de conservar el título de pueblo adquirido.

El efecto de su gracia nos guiará hacia una vida de orden, de obras buenas, de cumplimiento por convicción y de fe, así como de reconocimiento al comprender que nuestras vidas se llenaron de bendiciones porque, en su momento, la gracia fue una acción salvadora de Dios para con nosotros.

Y que ahora, que fuimos rescatados, valoramos la importancia del cumplimiento de las leyes de Dios. En la gracia encontramos no solo el hecho de que Dios es un Dios benevolente y bendito en esencia, sino también que a través de la gracia podemos acceder a todas y cada una de sus bendiciones.

Versículos clave para el tema

Mateo 13:33; 4:16-17; Lucas 4:16-22; Efesios 2:1-9; Juan 1:17; Romanos 5:12-15; 1 Corintios 1:4; 2 Corintios 13:11-13; 12:6-10.

Conclusión

Al creer en Cristo, hemos sido alcanzados por la gracia de Dios que es una de las máximas expresiones de su amor para con nosotros. Recibir la gracia de Dios es un concepto más amplio que la sola acción de reconciliarse. Una vez recibida, es importante involucrarse para lograr un cambio en nuestra naturaleza, es lograr una transformación integral del corazón. En esta nueva naturaleza que disfrutamos al ser alcanzados por su gracia y ser declarados inocentes de nuestro pasado pecaminoso, la Escritura nos enseña que las cosas viejas pasaron y que todas han sido hechas nuevas. Ahora actúa un nuevo estado espiritual en nosotros, lo que nos permite ser declarados hijos del Dios Altísimo.

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”

Salmos 119:105

← Volver a los estudios bíblicos