Lectura inicial: Levítico 23:1-5.
“Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna… por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó”, Éxodo 20:10-11. Este pasaje de los Diez Mandamientos nos revela en sí mismo el trascendental y profundo papel que el Sábado desempeñó en la vida del pueblo de Israel a través de su historia y el papel que sigue desempeñando en el corazón de todos aquellos que continúan llevando una vida cristiana verdadera. El Todopoderoso, al bendecir y santificar el Sábado, le asigna prioridad en la relación entre el hombre y Dios.
Para las personas que lo miran desde el exterior, el Sábado puede aparecer como restrictivo. Un conocimiento superficial de sus restricciones puede llevar a considerar que es un día austero para aquellos que lo observan, un día que carece de alegría y jovialidad. En cambio, si se tiene la oportunidad de participar en la experiencia de observar el sábado y se logra hacerlo desde el interior, sucede justamente lo contrario. El día de reposo sirve como una liberación gloriosa de las preocupaciones diarias, de las presiones rutinarias e incluso, es una liberación de la recreación cotidiana. Es un día de pacífica tranquilidad, alegría interior y elevación espiritual. Y, sobre todo, el Sábado es el vínculo con el Creador, el día de delicias, santo y glorioso de Jehová, Isaías 58:13-14. El Sábado nos permite la libertad y nos recuerda su importancia. El Sábado comienza al atardecer del viernes y termina al atardecer del Sábado. Este día debe ser “diferente”. El Sábado nos enseña que Dios cesó de crear cosas materiales el séptimo día, de manera que el hombre debe cesar de crearlas ese día. El hombre debe cesar de hacer cosas y de manipular la naturaleza. Debe dejar que todas las cosas sigan su curso por sí mismas. Al desistir de esos trabajos, no sólo reconocemos la existencia de un creador, sino que emulamos el ejemplo divino. Es por lo que los observantes del Sábado evitan ir al trabajo, mirar televisión, hacer compras, dedicarse a la recreación o realizar diversas actividades más. En Sábado es importante centrar la atención en el significado de la vida y en las relaciones que establecemos con nuestro creador, lo cual es trascendental para nosotros. Marcos 2:28.
Si un día está santificado por la oración y la semana por el Sábado, también el año lo era por las fiestas, las cuales se celebran en fechas fijadas por la Ley. Hay festividades y periodos sagrados fijos, ocasiones especiales que agregan una fragancia espiritual y un sentido adicional a nuestra vida como cristianos e hijos de Dios. ¿Cuáles son las tres fiestas que celebramos? Las festividades son Pascua, Pentecostés y Cabañas. Dice la Escritura: “Tres veces cada un año parecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere…” Deuteronomio 16:16.
Versículos clave para el tema
Génesis 2:1-3; Éxodo 20:8-11; 31:13-18; Isaías 58:13-14; 56:6-7; Marcos 2:28; Lucas 4:16.
Conclusión
Los sábados y las fiestas de Jehová son los Tiempos de Dios. En ellos corroboramos la grandeza del Creador, y sobre todo, reconocemos que es amplio en misericordia para con nosotros.
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”
Salmos 119:105
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